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La Enseñanza de la Ingeniería de Minas en España se inicia en el siglo XVIII, en el año 1777, en Almadén, mediante Real Orden de Carlos III, siendo la primera escuela de ingeniería, no militar, que se crea en nuestro país. Se cumplen 230 años de existencia.
La enseñanza de minas en España se funda unos años después de las Escuelas de Minas Europeas de Freiberg (Sajonia), Schemnitz (Hungría, entonces dentro del imperio austriaco) y San Petersburgo (Rusia) y un año antes que la Escuela de Minas de Paris.
Estas escuelas nacen como consecuencia del inicio del desarrollo industrial que permite el comienzo de una minería tecnificada, temporalmente situado en la Ilustración apoyada en España por Carlos III, con la necesidad en nuestro país de asegurar el suministro del mercurio de Almadén con el que se amalgamaba la plata que procedía de América, base de la economía española de la época y de varias centurias más.
Precisamente, a consecuencia de un gran incendio ocurrido en la mina de Almadén en 1755 y teniendo en cuenta que la interrupción de la producción de mercurio causaba un colapso de la economía nacional, Carlos III ordenó llamar al técnico alemán Cristóbal Storr, quien logró apagarlo. Con posterioridad esta persona fue nombrada director de las minas y director y primer profesor de la Academia de Minas sita en Almadén, mediante Real Orden de 14 de julio de 1777, en la que se recogía la instrucción “sobre Mineralogía y la Geometría Subterránea”.
Con anterioridad, desde mediados del siglo XVIII, existía en España algún centro docente relacionado con la minería, que puede establecerse como precedente a la Escuela de Almadén. La Sociedad Vascongada de Amigos del País, que se inicia en Vergara en 1764, se planteó, entre otros temas, el estudio de la minería, creando en la citada localidad un seminario y un laboratorio en el que se llevó a cabo el primer análisis de una muestra, descubierta en Chocó (Colombia) por Antonio de Ulloa, que condujo al “descubrimiento moderno” del platino.
La primera época
La primera época de la Escuela de Minas se sitúa en Almadén y está orientada, primordialmente, a impartir los conocimientos necesarios para la explotación del mercurio y la amalgamación de la plata de América. En sus comienzos el número de profesores es exiguo, solamente uno al inicio de la Escuela, siendo también muy reducido el de sus alumnos, 32 en sus primeros 30 años. Entre estos alumnos destacan Fausto de Elhúyar, Andrés Manuel del Río, Francisco de la Garza o Diego de Larrañaga entre otros.
Durante la invasión francesas, entre 1808 y 1820, la Escuela se paraliza casi por completo, volviendo a la actividad docente en 1814, pero la independencia de las colonias americanas acarrea una lenta transformación de las materias a impartir, pues la plata ya no llega de América y los objetivos iniciales se transforman. En el año 1814 que sólo hay dos profesores, los hermanos Larrañaga, pero uno fallece ese año y el otro deja su destino en la Escuela, por lo que entre 1817 y 1821 permanece sin actividad docente.
En 1821 Fausto de Elhúyar vuelve a España desde Méjico, donde había sido Director del Real Seminario de Minería, al producirse la independencia de aquel país. Al llegar es nombrado Director General de Minas y de la Escuela de Almadén, que en 1825 cuenta ya con 34 alumnos.
Fausto de Elhúyar, modifica las materias a impartir, consiguiendo una autentica revolución de la enseñanza que permite que la minería española, por fin, se enganche a la Revolución Industrial que comenzaba en Inglaterra desde finales del siglo XVIII.
Precisamente, la minería del carbón y la obtención del acero, era la base de la Revolución Industrial y a partir de ellos se construyen ferrocarriles, telares y cambia la escena laboral. Ingenieros jóvenes como Lorenzo Gómez Pardo e Isidro Sainz de Baranda, se dan cuenta de que el centro de gravedad de la minería ha basculado y proponen el traslado de la Escuela de Minas de Almadén a Madrid.
Fausto de Elhúyar envía entre 1829 y 1830 a cinco estudiantes a la prestigiosa Escuela de Freiberg, entre los que se encuentran los dos citados anteriormente, que permanecen en Alemania tres años, regresando a España y ocupando algunos de ellos las plazas como primeros profesores de la Escuela de Minas ubicada en Madrid, que se crea mediante Real Orden de la Reina Regente María Cristina (viuda de Fernando VII) de 23 de abril de 1835.
Durante los años que siguen hasta el final del siglo XIX, la situación política está marcada por las continuas guerras carlistas, la revolución de 1868 y el inicio de la Primera República, la Restauración con Alfonso XII, las guerras de Cuba y Filipinas y la consiguiente pérdida de las colonias en 1898. En consecuencia, la situación económica ve su desarrollo frenado aunque impulsado por algunas personas de gran valía. Se inician las primeras siderurgias entre 1826 y 1833 y comienza el desarrollo de la minería del carbón en Asturias y del hierro en Vizcaya y otros lugares de España.
En este contexto, figuras como Guillermo Schulz, Casiano de Prado, Luis de Adaro. Luis de la Escosura, Policarpo Cia, Ezquerra del Bayo, Lorenzo Gómez Paro o Lucas Mallada, entre otros, contribuyen al conocimiento de la geología y de los recursos minerales en España, además de ser casi todos profesores de la Escuela de Minas.
Madrid
La Escuela de Minas, una vez trasladada a Madrid, comienza su andadura en un clima de precariedad, sin sede propia ni fondos para material y profesores. Se ubica en la calle del Florín, en el edificio de la Dirección General de Minas, cerca de la Carrera de San Jerónimo. Allí permanece, con algunas ampliaciones, entre 1836 y 1860 trasladándose rápidamente, por derribo del anterior edificio, a la plaza del Conde de Barajas al número 8, en sede alquilada al Duque de Fernán Núñez.
Aunque se prepara un proyecto en 1859 para que se unan en edificios comunes las Escuelas de Caminos, Minas e Industriales y llega adquirirse un solar con ese fin, la realidad es que la Escuela de Caminos se ubica provisionalmente en la calle del Turco para luego ir al Retiro y la Escuela de Minas se traslada en 1862 al Paseo de Atocha, número 17, y allí se mantiene hasta 1893 en que se ubica definitivamente, por ahora, en su edificio actual de la calle Ríos Rosas, obra del arquitecto Ricardo Velásquez del Bosco.
En el siglo XX se crea el Consejo y Colegio de Ingeniería Superior de Minas aunque previamente se fundó la Asociación de Ingenieros de Minas el 17 de Mayo de 1904 en Madrid, cuyos Estatutos Generales de los Colegios de Ingenieros de Minas, constituidos por Decreto del Ministerio de Industria de 9 de diciembre de 1955, fueron aprobados por Orden de 7 de marzo de 1957 (B. O. 30/3/57), por lo que este año 2007 se celebra el 50º aniversario.
En ellos se establecieron seis Colegios a los que correspondían, respectivamente, las siguientes provincias:
CENTRO: Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Salamanca, Zamora, Valladolid, Ávila, Segovia, Soria, Cáceres y Badajoz.
LEVANTE: Valencia, Alicante, Castellón, Murcia, Albacete, Teruel y Almería.
MEDIODÍA: Córdoba, Sevilla, Jaén, Huelva, Cádiz, Málaga, Granada, Tenerife, Las Palmas, África Occidental y Guinea.
NORDESTE: Barcelona, Tarragona, Lérida, Gerona, Huesca, Zaragoza y Baleares.
NOROESTE: Asturias, León, La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra.
NORTE: Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Santander, Navarra, Logroño, Palencia y Burgos.
Comunidades Autónomas
El 22 de febrero de 1988 se aprobó iniciar la nueva situación, a partir del 1 de abril del mismo año, la que sigue en la actualidad. Por Comunidades Autónomas la circunscripción de los Colegios es la siguiente:
CENTRO: Castilla León, Extremadura y Madrid.
LEVANTE: Castilla La Mancha, Murcia y Valencia.
MEDIODÍA: Andalucía, Canarias, Ceuta y Melilla.
NORDESTE: Aragón, Baleares y Cataluña.
NOROESTE: Asturias y Galicia.
NORTE: Cantabria, Navarra, País Vasco y La Rioja.
LA IMPORTANCIA DE LA INGENIERÍA DE MINAS
La ingeniería de minas y los hombres que la desarrollan, al margen de poder vanagloriarse de ser la carrera en el campo civil más antigua de España, como responsables de la obtención de los recursos naturales de la madre tierra en su reino mineral, tienen como responsabilidad el suministro, para todos los sectores de la sociedad a través de su aprovechamiento industrial, de las materias primas que se obtienen en ese medio.
Es de la tierra de donde surgen los recursos que hacen posible la vida, precisamente en las actividades mineras se encuentra el origen de casi todas las cosas, donde comienzan a serlo, desde las más sencillas y cotidianas a las más complejas.
Es el concepto de la madre tierra como fuente primigenia de materiales e instrumento, combinado con su gestión y transformación, lo que permite que la sociedad funcione.
No obstante, la ingeniería de minas, a través de sus especialidades, permite además a los titulados la obtención y recuperación y la gestión y desarrollo de los recursos naturales y su aprovechamiento energético, tanto de combustibles sólidos como líquidos y gaseosos, todo ello enmarcado en la conciencia del crecimiento sostenible, la potenciación de las tecnologías de vanguardia, la innovación continua y una cultura empresarial socialmente responsable y comprometida.
Es en este marco donde se encauza la profesión del ingeniero de minas, hoy y en el futuro, por lo que se establece sobre unas bases que prevén una demanda continua que permita hacer más fácil la vida de los ciudadanos y gestionar responsablemente los recursos de forma que se deje un mundo mejor para la sociedad de mañana.
Producción
En estos momentos España es el primer productor mundial de pizarra, el segundo de mármol y de mineral de estroncio y el tercero en yeso y piedra natural, el único de Europa que produce sulfato sódico, el primero de su continente en granito y el segundo en fluorita. Además cuenta con el 70 % de las reservas mundiales de sepiolita (la cama de los gatos) y con las mayores reservas de Europa en arena feldespática.
En otro orden, en el sector de la construcción y la obra civil, en España se consumen más 11 toneladas de áridos por habitante/año, por encima de la media de los países desarrollados. De los 2.100 kilómetros de túneles, que están previstos construir en Europa en los próximos años, más de 500 kilómetros corresponden a España, que cuenta con una de las mayores infraestructuras subterráneas para el transporte público y el aprovechamiento hidráulico, exportando a todo el mundo su moderna tecnología para la construcción de túneles y galerías.
En cuanto al sector energético, el contraste a nivel mundial entre fuentes de energía y consumo que afecta de forma importante a nuestro país, en el que se produce un aumento cada vez más elevado del mismo, combinado con los aspectos sociales y ambientales, como el compromiso adquirido por el Protocolo de Kyoto, y la garantía del abastecimiento, hacen cada vez más necesario un planteamiento estratégico profundo y a largo plazo de la política energética en nuestro país. Finalmente, en el campo de los materiales, cada vez se demanda más un uso responsable y eficiente de los productos en general y de los metales en particular, reduciendo su consumo mediante la utilización de mejores diseños, la obtención de recursos minerales con mejor rendimiento, la implantación de estrategias de sustitución por mayor disponibilidad o capacidad de reciclado.
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